Un clásico abrigo de espiga, estructuralmente intacto, interrumpido por el instinto.
La prenda original ya estaba completa: totalmente forrada, bellamente confeccionada, tradicionalmente compuesta. Su patrón tiene orden, ritmo y sobriedad. Botones plateados pulidos salpican la parte delantera, reforzando su carácter clásico, casi formal.
Decidí no rediseñarlo.
Decidí perturbarlo.
El lado izquierdo permanece tranquilo. Seguí la espiga, permitiendo que el hilo rojo se moviera en diálogo con el tejido existente, respetando su dirección y respondiendo a su lógica.
El lado derecho se convierte en lo opuesto: un caos controlado. No hubo boceto. No hubo plan trazado. La composición evolucionó a medida que trabajaba, guiada por la emoción, por el desorden vivido, por la tensión entre la estructura y el impulso.
Flores tejidas a mano con hilo 100% alpaca, emergen y se conectan a través de una línea roja continua. Cada elemento fue colocado instintivamente, no medido. La intervención concluye donde está cosido el título: una sutil marca de archivo en la parte inferior de la espalda.
Se introdujeron materiales adicionales en las mangas, el dobladillo y el escote — encajes y detalles texturales que aportan un discreto matiz romántico a la pieza. Estos toques son íntimos más que decorativos; se revelan solo al acercarse.
Aproximadamente 50-60 horas de trabajo manual.
El abrigo original permanece presente.
Pero ya no es el mismo.
Numerado No.01.
Firmado en la parte posterior del cuello.
Único en su especie.

